Asociación Cultural Wenceslao Roces

 

 

Wenceslao Roces

Comunismo y compromiso intelectual: Wenceslao Roces

7. Balance

Por Benjamín Rivaya

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Publicado en Papeles de la FIM, nº 14,

2000, Madrid, Fundación de Investigaciones Marxistas

Cedido para su edición digital por Benjamín Rivaya.

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Por una cuestión de honestidad intelectual, a la hora de hacer balance el autor tiene que consignar un dato fundamental, que no comparte la ideología del biografiado aunque, eso sí, a veces se sienta “compañero de viaje” de la cosmovisión marxista de Roces (por lo demás, un viaje que no llega hasta el límite que le marcaba el católico Bergamín: “con los comunistas hasta la muerte, pero ni un paso más”). Es importante dejar esa constancia pues cuando se narran las peripecias vitales de alguien (¡la controvertida cuestión de las ciencias sociales!) tan malo es sentirse demasiado próximo como demasiado ajeno. Evidentemente, no pretendo ninguna objetividad angelical pero tampoco quisiera juzgar constantemente a quien ya no puede, y tal vez no quisiera, defenderse. He de decir que aunque no comparta sus ideas ni la corrección de alguna de sus actuaciones, se mire desde donde se mire, la valoración de la vida y obra de Wenceslao Roces sólo puede ser tremendamente positiva. Impresiona su constante trabajo, su lealtad a una causa noble y, sobre todo, aun cuando haya quien la critique, impresiona su integridad. En cuanto a su obra, no puede soslayarse la trascendencia que le corresponde.

Me gustaría ahora intentar una sistematización del periplo intelectual de Roces, así como de su producción. Creo que sin ningún tipo de duda cabe distinguir dos etapas en la vida de Wenceslao Roces: la de España y la del exilio.

    A) En la etapa española de Roces, que incluye también sus estancias en Alemania y la Unión Soviética, habría que distinguir entre varias disciplinas y dedicaciones. Incluso entre varios períodos, pues hay dos fases claramente marcadas en su evolución: la de la dictadura y la de la República o, si se quiere, la de los veinte y la de los treinta; académica la primera, claramente militante la segunda. En cualquier caso, su dedicación fue -creo- la siguiente: 1. El Derecho Romano, disciplina de la que sería catedrático en la Universidad de Salamanca, tras su formación en Alemania. A esta rama del Derecho no sólo dedicaría el trabajo docente y algunos artículos, sino que, con la traducción de escogidas obras, contribuyó a su afianzamiento en nuestro suelo. 2. La filosofía del Derecho, a la que otorgó gran importancia para la formación de los juristas. En este terreno, durante los años veinte se declararía neokantiano, seguidor de Stammler, de quien traduciría los más fundamentales libros. Posteriormente, ya en los treinta, su giro filosófico le llevaría del idealismo al materialismo. 3. Otras ramas jurídicas, pues Roces se interesó por el estudio de todo el Derecho, lo que queda claro a la vista de su labor en la Revista de Derecho Privado y la Revista General de Legislación y Jurisprudencia. 4. El marxismo, entendido tanto como  metodología como cosmovisión y opción política. En este sentido, Roces se dedicó al proyecto más ambicioso que hasta entonces había existido en España para verter a Marx y a Engels al castellano, proyecto que la guerra civil sólo suspendió. 5. La traducción, pues ésta no se redujo a Stammler y a Marx sino que abarcó a muy diversos autores y distintas ciencias sociales, también con orientaciones diversas; incluso la literatura. 6. No puede dejar de referirse como un capítulo con cierta autonomía su dedicación a la actividad política, tomando parte destacada en la organización formada alrededor del Partido Comunista, así como en la revolución asturiana de octubre del 34 y la guerra civil.

    B) La etapa del exilio mexicano, la más dilatada en el tiempo, duró desde 1.939 hasta su muerte, en 1.992. Durante este período cabe resaltar una orientación y dos labores. 1. La dirección que Roces ya había adoptado en España, y que no abandonará a lo largo de toda su vida, estuvo marcada por el marxismo. De esta manera, no sólo fue un militante que ocupó relevantes cargos en el Partido Comunista, sino que continuó con la empresa que había dado comienzo en su patria, la de presentar en lengua española lo fundamental de la obra de Marx y la literatura marxista, ahora en el Fondo de Cultura Económica y en Grijalbo. 2. Las dos labores a las que se entregó en el exilio fueron la docente y la traductora. En cuanto a esta última, téngase en cuenta que no sólo tradujo a Marx sino a muy diversos autores, siendo de resaltar a otro neokantinao, Cassirer, y su opción por la historia de Grecia y Roma, materia sobre la que también tradujo libros fundamentales.

En cualquier caso, entre quienes conocieron a Roces o se ocuparon con su figura persiste un interrogante al que ya no podrá darse respuesta: ¿por qué Wenceslao Roces no tiene una obra propia más amplia? La única explicación que me parece convincente es la que dice que nunca pretendió figurar, ocupar puestos relevantes o conseguir honores o fama. Sin duda sus inmensos conocimientos le hubieran podido dar mayor prestigio, mas optó por un trabajo menos agradecido pero -pensaría- de mayor necesidad[1]. En realidad ese interrogante -a mi juicio- carece de sentido. Creo que las explicaciones psicológicas no tienen interés, cuando la relevancia de su labor traductora es tal que hizo avanzar la cultura española de forma asombrosa. Toda su inmensa obra se dirigió a engrandecer una cultura empequeñecida, la española, y a hacer partícipe de ella a su pueblo. Ignorar la grandeza de su figura no sólo es una muestra más del estado de nuestro pensamiento, sino de cierto sectarismo soterrado que, con uno u otro signo, aún pervive en nuestra patria.


    [1] Es la misma opinión de Adolfo Sánchez Vázquez: "Ello puede explicarse, a nuestro modo de ver, como un sacrificio impuesto por la honestidad intelectual y política que lo llevó, en diferentes períodos, a poner en primer plano, a costa de la obra propia, sus compromisos prácticos, políticos, así como sus compromisos teóricos en la promoción y difusión del saber, y particularmente de los clásicos del marxismo, lo que se convertía -como ya hemos señalado- en una necesidad, dada la situación de orfandad teórica en que se encontraba el marxismo tanto en España como en América Latina"; en "En homenaje a un español ejemplar", cit, p. 155.


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