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«Sobre el dios de los políticos» Atilana Guerrero
Sánchez Después del 11 de septiembre ya nadie puede negar
que “cristianos, moros y judíos”, las tres “castas”con que Américo
Castro quiso desentrañar el problema de España , vuelven a estar
presentes en la realidad política mundial.
“Infieles” son para Ben Laden sus enemigos, Bush dice en su Discurso en el Capitolio tras los atentados
que “Dios no es neutral”...Parece, por tanto, que la teología no
es ajena a la política. Por eso, nuestro modo de acercarnos a este
presente, como no podría ser de otro modo, supone un “rodeo”, un
regreso a las condiciones en que el conflicto de las tres religiones
se presentó por primera vez a escala universal en el “corazón del
Imperio”. Este “rodeo” será el trabajo con el que, ante el congreso
de filósofos jóvenes, nos preguntemos por la esencia de la institución que, según sus promotores, los
Reyes Católicos, perseguiría
los “crímenes de infidelidad”: Breve
introducción como saludo a los congresistas. El trabajo que aquí presento es el proyecto con
el que pretendo concluir, una vez realizado, el
2º curso de doctorado de Historia moderna en Por ello, en lugar de “jóvenes” estaría mejor decir
que somos “aprendices” de filósofos, de ahí que estén aquí también,
necesariamente, los maestros del oficio,
seguramente ya “llegados a la cincuentena”, como pedía Platón.
Y es importante saber que esta petición no es gratuita,
al margen de su acuerdo con la “esperanza de vida” con que
contemos, pues sólo después
de tener el conocimiento de determinados saberes positivos es posible plantearse la crítica de los
mismos, o sea, la filosofía -habría, en todo caso, que reconocer
que un estado cuya población no tenga una “esperanza de vida” que
pueda cumplir con las exigencias de Platón en El contenido de mi comunicación es fruto de un
primer acercamiento a un saber positivo, Esta concepción nos lleva a tomar como referencia otros saberes (científicos,
políticos o religiosos) como pueda ser El
“Dios” de los políticos. Esta comunicación tratará, como anunciamos en su
presentación, de “no tomar el nombre de Dios en vano”, o sea, de dar
el valor que merezca al uso que de Como hemos apuntado más arriba, este estudio no
tendría por qué ser a priori filosófico, sino más bien histórico,
y además no habría de servir especialmente para clarificar el presente
político cuando tratamos de una institución ya fenecida. Sin embargo,
esta posible objeción puede ser refutada por la misma concepción
de la filosofía que hemos sugerido más arriba: bastará con reconocer
la virtud crítica que tiene respecto de la sociedad de referencia
el compararla con otras sociedades esencialmente diferentes a ella.
[1]
Como prueba de ello habría que decir que es imposible
encontrar un libro sobre La cuestión que queremos plantear aquí se encuentra tratada a fondo en la obra de Gustavo Bueno, en particular en el artículo titulado “España” [2] y en el libro España frente a Europa, de modo que nuestra aportación consistirá en referirnos a un “elemento de la composición” desde el cual se pueda reconstruir el todo. Para empezar, valiéndonos del mismo esquema con
el que Bueno introduce la “materia” de España,
nos encontramos, entonces, ante una visión científica de
Lo más usual es que adopten la perspectiva ilustrada,
a caballo entre Es más extraño encontrarse con historiadores cuyos
presupuestos sean los de Por último, la perspectiva filosófica de la religión,
que obligadamente se constituye como crítica de la teología, en
nuestro caso desde las coordenadas del materialismo religioso de
Gustavo Bueno, nos permite reconocer la “verdad” de la religión
como un componente transcendental del
“espacio antropológico”, lo que de entrada evita que demos de lado
la cuestión como si fuera “superestructural”.
Nos preguntamos, así, cómo puede el ateísmo relativo al Dios
de las religiones terciarias modificar el entendimiento de la institución
inquisitorial que el deísmo o el teísmo, en las versiones
implícitas de la mayoría de los historiadores, nos ofrecen.
En efecto, nuestra tesis comienza por reconocer que sólo
desde el ateísmo del Dios terciario de las religiones monoteístas
es posible saber qué es, en sentido estricto, Hacia una reconstrucción del concepto “Inquisición española” Si el saber nematológico
constituido por la teología católica está vinculado a alguna institución,
entre las muchas posibles que a lo largo de la historia de Así, vemos cómo la indecisión con que los historiadores
aceptan la naturaleza entre religiosa
y política de Una vez admitido el hecho de que Pues bien, diríamos que el peso de Para continuar,
se hace necesario recordar algunas de las líneas fundamentales de
la filosofía política del
materialismo de Gustavo Bueno
[12]
. En primer lugar, consideramos la actividad política
como una actividad “de segundo grado”, en el sentido de que las
operaciones políticas estrictas son operaciones de sujetos políticos sobre otros
sujetos, que a la vez, son sujetos operatorios en los distintos
ámbitos de lo que llamamos el “espacio antropológico”( en sus relaciones
con la “naturaleza” o eje radial, con otros hombres, o eje circular,
y con los númenes o animales religiosos, el eje angular). Si el
“núcleo” de la sociedad política es el “ejercicio del poder que
se orienta objetivamente a la eutaxia (“buena constitución”) de una sociedad divergente
según la diversidad de sus capas”, ese poder, -como hemos dicho
antes, la actividad operatoria política sobre otras operaciones
humanas-, no cabe duda de que fue
ejercido en España, en colaboración con otras instituciones, de
modo preeminente por Tomando como modelo de la sociedad política el
cuerpo de una ciencia tal y como éste se analiza desde “En el eje radial la acción del núcleo determinará una capa más o menos coherente con todos aquellos contenidos impersonales (desde las tierras de cultivo hasta los edificios, desde hornos de fundición hasta centrales eléctricas) que, formando parte del mundo entorno (natural y cultural), se nos presentan (o son representados) como configuraciones cuya conservación, transformación o reproducción pueden llegar a constituir objetivos de la acción política” [14] , esta es la llamada capa basal. Y por último, la capa que se irá originando en la dirección del eje angular “incluirá los contenidos que tengan que ver con sujetos “personales” pero no humanos, distintos por tanto, de los sujetos constitutivos de la sociedad política, aun cuando habiten como númenes animales o divinos, dentro de sus fronteras; en segundo lugar, [...] contendrá a aquellos sujetos personales humanos, o muy próximos a los hombres, que son llamados salvajes, bárbaros, y en general extranjeros, y que no forman parte de la sociedad política de referencia” [15] , es la que llamamos capa cortical. Pues bien, el poder “sintáctico” que, en su génesis
–ya veremos si permanece en su estructura-, La convivencia se dice rota por razones sociales y económicas, por ejemplo J Pérez [22] : “Este es, en España, el origen verdadero de la que Américo Castro llamó edad conflictiva. En los siglos XIV y XV se pasó efectivamente de una época de convivencia relativamente pacífica a un ambiente de lucha y odio, no porque se hubiera agudizado la propaganda antisemita, sino porque la coyuntura económica había cambiado de signo. Los conflictos entre judaísmo y cristianismo, bajo una apariencia religiosa, eran en realidad conflictos sociales”. Otros historiadores,
pasto de la leyenda negra, junto con humanistas
de nuevo cuño, apelan a fuerzas “más profundas”: xenofobia, racismo
y, en general, consustancial fanatismo del español.
[23]
Últimamente se ha abierto una polémica
[24]
(que pone de manifiesto hasta qué punto la perspectiva
que los historiadores tienen del proceso es puramente fenoménica)
motivada por el libro del historiador judío -¿por qué importa su
religión?- Los orígenes de Nuestra argumentación se encamina, en principio
como hipótesis, a considerar a los judíos y/o musulmanes que en aquellos tiempos se encontraban teniendo
que “convivir” con cristianos, como a elementos “flotantes” de la
“capa cortical” del cuerpo de la sociedad política “en ciernes”.Finalmente,
como tales, expulsados o segregados por la acción del “núcleo” dirigente
ante su resistencia a su inclusión como elementos de la capa conjuntiva
( aunque no de la basal). En primer lugar, por la siguiente razón
abstracta, contemplada por la filosofía de la religión que aquí
queremos ejercitar, a saber, “ que mientras las relaciones circulares
son relaciones humanas específicas, en cambio, las relaciones entre
los diversos círculos (hordas, Estados...), que pertenecen a otro
nivel lógico, el de las relaciones entre clases disyuntas, ya no tiene por qué ser específicas a título de
circulares. Y, por consiguiente, podemos concluir que este es el
terreno de mayor probabilidad para la refluencia
o efluencia de propiedades genéricas (animales)
y, por consiguiente, de relaciones interhumanas que, sin
dejar de serlo, habría que poner en el eje de las relaciones
angulares. Con esto no queremos hacer otra cosa sino analizar
el marco lógico en el que puede dejar de ser una metáfora la sentencia
de Hobbes: homo homini lupus”. En efecto, diríamos que los súbditos con que se encuentran los monarcas cristianos están repartidos en tres clases disyuntas, desde un punto de vista religioso. Esto no impide que, como resultado de la ocupación de un mismo territorio, el sometimiento a unas mismas leyes, en general, económicas, lingüísticas o morales, pudieran haber mantenido relaciones conexas de igualdad y, por tanto, haberse identificado como miembros de la capa conjuntiva de esa sociedad, dicho en términos emic “convertirse”. Pero el hecho fue que las relaciones de simetría, transitividad y reflexividad propiciadas por la “convivencia”no existieron con la recurrencia deseable: no ocuparon el mismo territorio, pues los judíos tendían, sin que ninguna ley en principio les obligase a ello, a vivir en sus aljamas; no estaban sometidos a las mismas leyes, pues cada aljama tenía sus rabinos, los cuales podían administrar justicia en su comunidad, comunidad que podía tener su propia carnicería, escuela, etc. En palabras de muchos historiadores, como por ejemplo, Stanley G. Payne [28] , constituyeron “una especie de estado dentro del Estado”. Por supuesto, la relación que los judíos mantenían con la “clase política”, nutrida ampliamente de “conversos”, era muy distinta a la que mantenían con el resto de la población. Fuera del tópico del judío “usurero”, hay que reconocer que el poder financiero estaba en manos de judíos o conversos; por otra parte, una religión que les obligaba a ser letrados, les permitió ocupar cargos de importancia en lo que podemos denominar “administración” del Estado, aunque no hay que olvidar a una inmensa mayoría de artesanos. En todo caso, lo que las disposiciones legales nos ponen de manifiesto es que constituían una clase protegida por el “poder” a título de “servi regis”, patrimonio o propiedad de los reyes. En este sentido, se dictan varios documentos en los primeros años del reinado de Isabel y Fernando: “Todos los judíos de mis reinos son míos y están so mi protección y amparo y a mí pertenece de los defender y amparar y mantener en justicia”, repetidos hasta en vísperas de la expulsión de 1492. ¿Cómo se entiende, entonces, que se haya podido hablar del racismo de los monarcas?. Sólo en un sentido, y no porque aceptemos la calificación de “racismo”, sino como un modo vulgar de referirse a otra cosa. En general, se suele presuponer, equivocadamente, que las relaciones entre los hombres son siempre “circulares”, cuando en realidad, y al margen de que individualmente pudiera ser así, las leyes nos indican la valoración “radial” que como “propiedades” los monarcas tenían de los judíos. Así, en El animal divino Gustavo Bueno aclara: “en el eje radial han de incluirse aquellos términos (cosas, pero también animales, o los propios hombres en cuanto figuran como cosas) que tienen un significado práctico”. Así es, “práctico” era el significado que los judíos tenían como traductores, médicos, recaudadores o artesanos, tan “práctico” como para ellos resultaba refugiarse en los reinos cristianos después de la entrada de almohades y almorávides, o después de las expulsiones ocurridas en otros países europeos. ¿Qué decir, entonces, de la población “cristiana”? ¿cabría considerar, desde su punto de vista, como “númenes” reales a los judíos o musulmanes? Desde luego hace falta recurrir a un nivel lógico, como hemos dicho antes, distinto al de las relaciones entre individuos, y atender al de los grupos. Cuando se habla del “fanatismo religioso de las masas” movidas, gracias a las predicaciones de algunos eclesiásticos, por supersticiones o ideas irracionales sobre los judíos (contaminadores de fuentes, provocadores de la peste, asesinos de niños –como deicidas-, identificados con el mismísimo demonio), en realidad, en el plano más abstracto en el que queremos movernos, y no para huir de una realidad “feroz” o “trágica” como muchas veces se dice, sino para entenderla mejor, vemos la no pertenencia a la capa conjuntiva de algunos sujetos humanos de esa sociedad política. Y aquí necesitamos, de nuevo, apelar a los conceptos abstractos de la teoría política de Gustavo Bueno : “La peculiaridad que la conceptuación de aquello que consideramos como núcleo de la sociedad política entraña es esto: que esta conceptuación no sólo debe tener una intención genética sino también una intención estructural”. Esto nos permite borrar la posible falsa impresión de que estemos entendiendo que la percepción que los “cristianos” tienen de los “extranjeros” o “infieles”es la de que son animales, como si en el nivel histórico en el que nos sitúan las religiones monoteístas no estuviera claro que los cristianos “saben”, al margen de desconocer la teoría de la evolución, que los judíos o los musulmanes son hombres. Pues como tales la religión católica o nematología del imperio los entiende. La sociedad política que el Imperio español está generando se origina por la desestructuración de sociedades políticas previas, por lo que las relaciones “numinosas” con el enemigo no son, a priori, posibles. Ello nos obligaría a entender cualquier Guerra como una relación religiosa entre los Estados. No; en realidad estamos llevando al límite la argumentación que parte del principio según el cual, en el “espacio antropológico” las relaciones “circulares”, aunque se nos den en el presente según rutas institucionales ya cristalizadas, sin embargo, “y en virtud de los mecanismos de refluencia o de efluencia simple, habrá que decir que estos mismos órdenes ya cristalizados han de seguir segregándose continuamente ( y en virtud del juego de sus propias legalidades institucionales) de las efluencias o refluencias que ellos mismos generan. [29] ” La “máquina” inquisitorial, como muchas veces se le llama, seguramente por la tremenda burocratización que imponía su actuación, es, entonces, la racionalización política con la que “en la antesala del ateísmo” se permitió, a cualquiera que tuviera los suficientes intereses ”terrenales”, “vivir” en España. A cambio, había que “convertirse”...pero, fuera de las coordenadas del fideísmo, ¿qué puede significar eso?: hablar la misma lengua, acudir a las mismas escuelas, descansar del trabajo el mismo día que todo el mundo, ir a la misma carnicería, comer el pan salido del horno de la misma panadería etc. y no manifestar públicamente el desprecio por tus convecinos. Todo esto en España significaba, entonces, “causas religiosas”. Por supuesto, la mitad de los judíos se convirtieron al cristianismo, y el problema pasó a ser la falsedad de la conversión, que repetimos no podía medirse por la “fe”, sino por las “obras”. La hipótesis de Netanyahu, según la cual el criptojudaísmo fue la excusa para inventarse la persecución del converso nos parece surrealista. En fin, no nos preocupamos tanto de defender a
Desde el ateísmo militante, si no cabe desear en
el “presente” la “tolerancia” con las distintas confesiones religiosas,
menos la “echaremos de menos” en el pasado, lo que, además, es anacrónico.
¿Qué sentido histórico puede tener la alegría con la que algunos
recogen la petición de perdón de Juan Pablo II por los errores cometidos
a lo largo de 2000 años? Absolutamente ninguno. En el presente,
antes que la tolerancia con las religiones monoteístas, pediremos
su trituración por la filosofía racionalista, lo que, por cierto,
se empezó a hacer desde ¿Qué diremos, entonces, del Dios de los políticos?
Pues que su invocación es, desde la filosofía materialista, la prueba
de que la política de un imperio generador se construye con unas
leyes que han de poder ser recogidas virtualmente por todos los
hombres en virtud de su racionalidad operatoria, de la individualidad
corpórea que a todos, como un católico diría gracias al mito de
la “encarnación del verbo”, hombres y mujeres, negros y blancos, nos
unifica en el horizonte de “El 2 de enero de 1492, Granada se entregaba a su destino y sólo quedaban lamentos. Así lo reflejaba el poeta al-Daqqûn: A comienzos del año noventa y siete (fecha de la hégira), el sol de Al-Andalus desaparecido quedó, Y el perro alcanzó su objetivo porque a nadie se encontró que nos defienda; que la voluntad de Allah se cumpla, pues todo de Allah depende” [31] o, “Obstruyeron todos los medios de vida y de provecho, como el gusano de seda que en el tejido entraba”. [32] ¿No es curioso que también fuera el término, tan
debatido en cuanto a su etimología, “marrano” el que con
desprecio los cristianos utilizaran para referirse a los judíos,
y, acaso no son también insultos todavía hoy recordados en el diccionario:
“perro judío” o “perro moro”? Necesitaríamos más pruebas documentales
para sostener dicha argumentación; no obstante, por seguir intentando
su comprensión, sería bastante natural que fuera el “perro” (o el
“marrano”) el animal con el que entre sí se identificasen los miembros
de las tres comunidades religiosas pues, como él, entre sí se sirvieron
fielmente en los momentos en los que, en lucha contra el tercero,
se necesitaron. Por último, también es curioso hacer notar esta
“política del tercero” de la que nos habla Alfonso Fernández Tresguerres en el artículo titulado “De coaliciones, políticos
y chimpancés”, mantenida por los judíos a lo largo de toda la “Reconquista”.
Para terminar, podríamos explicar la razón, asimismo ofrecida en el curso de la argumentación de
El animal divino, por
la que, a pesar de todo, el “pueblo judío” fue admitido en España
como en ningún lugar en aquella época y su expulsión supuso una
pérdida para el pueblo cristiano todavía hoy recordada
[33]
: su “especialización” en aquellas profesiones
que tienen un marcado valor “ético”: médicos, sastres, artesanos
en general, banqueros, comerciantes, y cuantas podamos reconocer
como el “tejido” de las relaciones más universales: “las relaciones
económicas comerciales” son “aquellas que han abierto el camino
más franco hacia relaciones de algún modo universales. Según Marx,
las realidades efectivas del individuo universal sólo aparecen
con ocasión del modelo de producción burgués, en las relaciones
capitalistas de un mercado sin fronteras (religiosas, lingüísticas,
políticas)”
[34]
[1] Gustavo Bueno, Ensayos materialistas, p. 38. Taurus, 1972. [2] Gustavo Bueno, “España”, revista El Basilisco nº 24, segunda épocay España frente a Europa, Alba, 1999.
[3]
El ejemplo paradigmático es la obra dirigida
por Joaquín Pérez Villanueva y Bartolomé Escandell, Historia de
[4]
En este sentido es un buen ejemplo el historiador
de
[5]
Es interesante hacer notar que se prefería,
según las instrucciones, que fuesen licenciados o doctores en
Leyes, mejor que en teología, como señala
José Martínez Millán, en [6] En Cuestiones cuodlibetales sobre Dios y la religión, p.88 y ss. Y El animal divino p. 403 y ss. [7] El animal divino, p.43..
[8]
Joseph Pérez, Crónica de
[9]
Jean Dumont, Proceso
contradictorio a [10] Baer, Roth, Révah o Netanyahu. [11] Joseph Pérez, op.cit, p.17. [12] Gustavo Bueno, Primer Ensayo sobre las categorías de las “Ciencias Políticas”, Bibioteca Riojana, 1991.
[13]
Ibíd., p.308 y ss.
[14]
Ibíd.. [15] Ibíd..
[16]
No estará de más recordar que [17] Gustavo Bueno, España frente a Europa, Alba, 1999, cap. IV, “España y el Imperio”.
[18]
Los musulmanes eran más difíciles de “controlar”
porque, una vez sometidos a la conversión forzosa, gracias al
concepto islámico de [19] Estaban obligados a pagar tributos especiales, se les prohibía todo tipo de proselitismo, no podían casarse con cristianos, ni comer con ellos. Las relaciones sexuales del judío con la cristiana estaban condenadas a muerte, pena que ni siquiera era igual para cristianos y judíos, pues a estos se les podía colgar por los pies para prolongar la agonía. En fin, un largo etcétera de discriminaciones que impiden hablar de “tolerancia”.
[20]
Con acierto señala Joseph Pérez (op.
cit. p.17): “convendría descartar de
una vez por todas el tópico tan cacareado de
[21]
Según Julio Valdeón Baruque, Judíos y conversos en
[22]
Op. Cit. p. 38.
[23]
Es ejemplar el artículo aparecido en la revista
La aventura de
[24]
Esta polémica queda recogida en un artículo
de José Mª Magaz
Fernández titulado “Las
causas de
[25]
Es curioso el alivio con el que un teólogo
recibe este libro, quizá al sentirse disculpado frente a la “opinión
pública”. Así , se dice que después del libro de Netanyahu
“atribuir toda la culpa del establecimiento de [26] Entre otras obras, Los judeoconversos en España y América, 1978.
[27]
Jean Dumont, op.
cit., nos recuerda: “Los auténticos
historiadores de talla rechazan una de las principales acusaciones
lanzadas, tradicionalmente, contra
[28]
Stanley G. Payne,
[29] Gustavo Bueno, El animal divino, p.205.
[30]
Op. cit., p.74.
[31]
Soha Abboud-Haggar,
“En Granada sólo quedó el llanto”, en La aventura de la historia,
año 4, nº 39, enero 2002. pp. 63-66. [32] Idem. [33] Cuenta Fernando Ysart en la obra citada lo que en esta línea supone el Real Decreto de diciembre de 1924 en el que se dice en su artículo 1º: “Los individuos de origen español que vienen siendo protegidos como si fuesen españoles por los Agentes de España en el extranjero etc.” refiriéndose a los judíos que habitaban en Turquía , así como el Decreto Ley de 1948 referido especialmente a los sefarditas . Por la primera disposición se rescataron varios millones de judíos de las cámaras de gas y por la segunda, se protegieron a los que residían en Egipto, años más tarde, durante el conflicto árabe-israelí.
[34]
Op. cit., p.213.
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