Asociación Cultural Wenceslao Roces

 

«Proyectualidad. La estetización pioética
de la historia del hombre»

José Barrientos Rastrojo
(
Sevilla, España)


«La filosofía es siempre asunto personal. En las ocasiones en que se ha intentado olvidar esto y convertirla en una disciplina abstracta, la consecuencia ha sido siempre su decadencia o su abandono»  

Julián Marías

1.- GESTANDO DESDE LAS ENTRAÑAS DEL TIEMPO

Un concepto con mucha historia

     La historia de la humanidad (del HOMBRE) no constituye sino el correlato existencial del desarrollo vivencial del hombre. A cada paso de nuestra existencia tropezamos con categorías que claman por hacer acto de aparición en cada etapa por las que el hombre ha transitado. Solo unas pocas llegan a buen puerto en cada siglo: La perfección, la naturaleza, lo sublime, la belleza, la persona, la individualidad, etc. Todas estén en cada escalón temporal del hombre, solo algunas salen de nuestra caja de Pandora particular. 

     Si esto es así, sería estúpido creernos con la paternidad absoluta de cualquier intelección [1] . Lo que hacemos es contribuir a desempolvar y desarrollar  una de ellas que tiene derecho a nacer para responder a los problemas de la época.  Nosotros sólo le prestamos nuestra voz. 

     Pero, ¿qué mundo tenemos hoy? El del dominio por la desestima de la Verdad absoluta, respetuoso con el nihilismo postmoderno, con una estética desvirtuada, una sociedad fundada en una tecnología que pergueña esteticidad, una esteticismo desvirtuado de sus dimensiones poiéticas e incluso un concepto de tolerancia que se pierde en un error.  Sí, hoy se busca una nueva senda y esta está ya escrita en la historia, por lo que solo nos queda rescatarla y dejar que germine como una luz que ponga un poco de luz en este ámbito de polución industrializada.

     Antes de que caminemos junto a ella, es preciso ver su gestación en el seno materno de la historia. Sólo reflexionando sobre estos “nueve meses” de desarrollo se desvelarán sus características más brillantes, las potencialidades que alumbrarán destellos más rutilantes de la energeia (tanthandlung diría Fichte) de nuestra categoría. Luego la iremos viendo crecer, analizaremos como el hombre la ha obviado, la ha acariciado con timidez y siempre en segundo plano.

     Y es que la historia del hombre, no es sino la historia de un “gran hombre” que progresivamente ha ido entendiéndose y entendiendo el mundo. En el tramo actual, con milenios a sus espaldas, este hombre está en disposición de dar con aquello que le puede salvar del fin de la historia (Fukuyama). La categoría de proyectualidad es la que yo propongo para acariciar este objetivo. La desarrollo parte de mí, sin embargo, su paternidad no es otra que el hombre mismo.

     Según nuestro esquema, la cultura clásica es identificada con ese “gran hombre” ese HOMBRE, que todavía no ha nacido. Habita (no vive [2] ) en el mundo de las Ideas de Platón por esos sus conceptos son  EX-TASIO y meta-ubicados: la Perfección, la Belleza, la Verdad, la Verosimilitud, el Bien, etc. Todos ellos en un mas allá intangible.

     El HOMBRE nace tras la caída de las culturas clásicas. Un NIÑO medieval que da sus balbuceos iniciales en medio de grandes sistemas que empieza a imaginar, como el tomismo, el agustinismo o rémoras de tiempos añorados como el neoplatonismo.

     En la primera modernidad, el ADOLESCENTE empezará a despertar a la razón con el deseo de construir por él mismo, sin olvidarse de su madre historia. Empieza a experimentar y surgirán los sistemas empiristas y racionalistas.

     La rebeldía se “iluminará” en la segunda modernidad. El hombre, plenamente él mismo reclama emancipación. Bajo ínfulas del anterior “sapere audet” crea sin necesidad de nadie. Sólo sus capacidades de sujeto “superior”.

     Su desdeñosa actitud al imponérsele la realidad se hace cinismo: La crisis de la ciencia, las estéticas subvertidas por la tecnología, la psicología y la filosofía penando la experiencia del vacío y la nada existencial se burlarán de su “Aufklärung”.

     Será entonces la época de la madurez. O bien todo abocará a un exasperado abismo o a la ilusionante tarea de la fabricación del edificio humano con todos los materiales, por fin, en su propia historia.

     Sin querer adelantar más, queda un poco más explicitado aquello de que La historia de la humanidad no constituye sino el correlato existencial del desarrollo vivencial del hombre. La vida del HOMBRE nos avisa que estamos en un punto privilegiado para desarrollar con precisión el concepto que necesitamos. Reasumir la sabiduría de la historia, y dar a luz una nueva diafanidad distinta a aquella que se estableció como ruptura  y emancipación en el siglo XVIII y XIX es nuestra pretensión. Desde el magisterio del análisis del tiempo buscaremos avanzar hacia la eclosión de la categoría integradora de proyectualidad.

     La historia, si no se posterga, tensa de contenidos la vida y la hace auténtica existencia, ofreciendo la profundidad que requiere un estudio que trascienda la mera superficie. ¡La cátedra de la historia llamea autenticidad en medio la fluencia huidiza del “fin de la historia”! El final de la historia es, antes que nada, CONSUMACIÓN (no consumición, no consumo) y esperanza hacia nuevos horizontes. Cielos que derriban las tempestuosas proclamas de la inexorabilidad de lo futil, ese vacío y el hastío que solo sirven para inmovilizarnos.

 II. CUANDO LA HISTORIA ES LA QUE NARRA

Del CONCEPTO a la vida,...de la VIDA del concepto

2.1.-La Enseñanza Clásica:  Topos hiperuranos,  búsqueda y proyectualismo dado.

«Toda alma que, habiendo entrado en el séquito de la divinidad haya vislumbrado alguna de las Verdades, quedará libre de sufrimiento hasta la próxima revolución  (...) Pero cuando no las haya visto, por haber sido incapaz de seguir el cortejo (...) habrá perdido las alas a consecuencia de este entorpecimiento y caído a tierra»   (PLATÓN, Fedón 248c)

     El griego, y con él el romano, que es su heredero, debieron deslumbrarse al encontrarse un mundo que,  todavía hoy,  reverbera resoles en nuestras almas cuando caminamos por sus ruinas. Que unas piedras milenarias, deslucidas por el paso de siglos, resuellen ecos de ínclita majestad debería ser suficiente razón para que nos asolase el vértigo de su grandiosidad en el momento de máximo lucimiento. Desde estas latitudes colosales es desde las que hemos de contemplar a este HOMBRE que todavía no es persona, sino que se debate en el sueñecito pre-existente.  ¿Por qué decimos esto?

     El griego es un individuo que todavía no llega a filosofar EN la vida, razona SOBRE la vida. Su hilatura mental se asienta más en el filosofar que en la vida. Platón afirma el mundo que le circunda como una entidad (únicamente) participativa de su mundo de las Ideas. Policleto no esculpe al ser humanos sino formas perfectas de cómo debería ser el hombre, la misma construcción de los kouroi no son sino ejemplos de un arte naturalista (una naturaleza entendida como orden). El Partenón lanza desafueros por encima de la finitud y levedad de un ser humano que es finito. Quizá solo Aristóteles llegue a un acercamiento más inmediato al hombre, pero no olvidemos que categorías absolutas como “areté” en su Ética o hilemorfismo en su Metafísica lo alzan por encima de lo cotidiano imperfecto (aunque humano). Pareciera que el mundo no pudiera tener en sus mismas entrañas su fin. Como si la vida no fuera sino un haber caído que busca restauración más allá, en ese “topos hiperuranos” platónico.

     Sí, se habla del hombre racional, del zoon politikon, ahora bien, ¿y la persona?           La cosmovisión sistémica filosófica y artística es digna de alabanza, desgraciadamente se mantiene circunscrita en un cielo en las antípodas de lo que Ortega llamó “vida”. El raciovitalismo sería impensable en esta época.  Había que seguir afinando.

     ¿Qué nos legan? Precisamente su misma limitación.  Haber visto la luz en ese “topos hiperuranos”, haber salido de la caverna y ofrecer sistemas tan perfectos como los aparecidos en La República o en la Ética a Nicómaco.   Heredamos de ellos esa existencia en ebullición que nos despega de este mundo en penumbra que, en ocasiones, nos enclaustra en cotos de finitud de mortales.  Nos dejan su ilusión, su desbordamiento de sí mismos, el utopismo trascendente y trascendental, el horizonte al que despegar.

     En resumen, el PROYECTO y parapeto inagotable desde el que se establecerá la PROYECTUALIDAD. El problema es que para ellos es algo dado. La Proyectualidad se va dando. Lo veremos.

 

2.2.-Bárbaros y Edad Media: Quejidos, nacimiento e inconsciencia estallante.

«La Ilustración concibió dos grandes eras solares en la historia, en medio quedaba el medievo. Tras la Segunda Guerra Mundial esta visión simplista dejó de tener fortuna»  (Dr. Queraltó Moreno)

 

     Como diría Platón, he aquí que repentinamente nuestra alma va a caer por dejar de contemplar la Idea y dejarse llevar por el corcel negro. Algo así es lo que pasó.

     Los llantos del Cristo de principios de nuestra Era se unen a la de los grandes pensadores cuando ven arder las grandes bibliotecas del mundo, cuando los sistemas exhaustivamente construidos no parecen contener palabras suficientes para litigar con las embestidas de los pueblos del Norte. Se pierden manuscritos y la humanidad entera llora por este olvido de lo clásico. Los monjes copistas y la “cristiánitas” se ocuparán de que la catástrofe no sea global. Ellos custodiarán lo que esté a su alcance. Y, sin embargo, esta funesta debacle fue útil. Seguir construyendo en aquel mundo tan ajeno a nosotros nos alejaba de nosotros mismos.

     Así, el hombre cae de bruces en la tierra. La oscuridad inicial de la preñez de nuestro HOMBRE troca en algo distinto cuando nace. Se fraguan los clamores de un inconsciente que sólo el tiempo nos permitirá medir en sus auténticas dimensiones.

     La psicología evolutiva nos ha enseñado que en la infancia es donde se establecen las bases del futuro de la persona. En la Edad Media el conocimiento estaba velado, pero ESTABA. Si obviamos el cúmulo intelectivo de toda la patrología, de Agustín de Hipona, de Plotino, de la filosofía árabe o, ya en la Baja Edad Media, de Roger Bacon, Scoto o Santo Tomás (incluso, al final, nuestro Elio Antonio de Nebrija) no estamos ante un grave problema de agudeza visual sino de finura intelectiva o de mediocridad en el conocimiento. A pesar de la barbarie, la Edad Media fue mucho más que un vilipendiado y peyorativo medievo

     En esta época nuestra CRIATURITA juega, a veces con gran violencia. Construye castillos, se establecen relaciones de señores y vasallos, canta con los trovadores el amor caballeresco, imagina elixires de eterna juventud y cree en la posibilidad de dragones y de otros mitos. Es siervo de una tierra que le exige esfuerzos para  sacar de ella productos. Nuestro niñito es todavía pequeño para saber el por qué de las cosas, sencillamente las hace. Con el tiempo tendrá que ir a la escuela ¡y a la universidad!

     Todo, todo se está fraguando en ese interior. Toda la historia permanece como un sedimento que se va calentando e hierve amenazando con hacer rebosar el perol. Está a fuego lento, el HOMBRE contempla realidades más que hacer mundos, aun así la condición de hervidero no lo abandona.

     La PROYECTUALIDAD aprende en este momento la mesura, la espera silente y el aprendizaje cadencioso. Nuestro concepto descubre que no es algo que pueda llevarse a cabo sin premediatación. Debe partir de argumentos de pasado para lanzarse al futuro. Eso sí siempre con el sonido de fondo de la sonrisa traviesa, y creadora de juegos, del PEQUEÑO que experimenta, siempre en las inmediaciones de la vista rigurosa y rigorosa de la madre que le dio la luz. Si se renuncia a dejar que el conocimiento sea poso y reposo meditativo llegará la crisis. El hombre tenía que aprender esto con los cañamazos de una experiencia que recala, sangrienta, en su propia existencia. Tiempo para la lectura y la reflexión,... tiempo...

 

2.3.-PRIMERA MODERNIDAD: Despertares, pubertad, desapego y  yo desvalido.

«No podía elegir nada cuyas opiniones me parecieran que debían ser profundas a los demás, y me encontraba obligado a aprender la tarea de conducirme a mí mismo» (R. Descartes)

 

            Con la llegada de la primavera de nuestro HOMBRE, su edad se hace pubertad: le “aparecen los primeros granos en la cara”, desaparece esa mirada angelical, esos gestos enternecedores y, lo que es más importante, descubre su capacidad de penetrar en la realidad a través de la razón, atisba las posibilidades de su mente. Ya no es el de antes, el paradigma de la contemplación deja paso al del cambio y ,así, en lugar de detenerse todo esto significa, simplemente se pone en funcionamiento.

            En este acceso a la realidad, la sacrificará, por la salvar el conocimiento (racional) . Por eso es una época profundamente epistémica y dudosamente ontológica al subordinarse lo real a la razón y a sus modos de conocimiento. El mismo Malebranche remitirá a Locke a una experiencia en penumbra para alcanzar la “res extensa” [3] , e incluso se ha llegado a hablar del “terrorismo de la razón”.

            “Cogito ergo sum”. A diferencia de lo que se pueda creer, esto no es una afirmación del hombre separado de la trascendencia. Es una afirmación de la razón humana por encima de los límites que hasta entonces poseía. Lo cierto es que esta ilimitación había estado cobijada en aquel inconsciente medieval al que ya aludimos. Por eso parecía que el HOMBRE estaba como “aletargado” [4] . La aparición de la ciencia y el deseo de dominio de lo real lo sacará de su mundo onírico.

En definitiva, no hay negación de nada, sino afirmación de algo, de la racionalidad. No hay desvinculación maternal sino reconstrucción desde lo propios cimientos. Descartes desestima lo que aprendió en La Fleche, aun así lo que quiere es construir y hacerlo en el plano cognoscitivo sin pensar en las consecuencias. Nada más [5] .

            Todavía se incardina René en un Dios que ha de fundamentar todo el sistema, algo de trascendencia queda. Da la sensación de que nuestra PERSONITA está creando por él mismo sin abandona la mano de su madre. Se siente seguro con ella, de hecho es ella la que da seguridad a su sistema. Nuestro filósofo necesita a un Dios que impida que el genio maligno lo engañe.

            El desarrollo de esta época, en sus puntos positivos y los más devastadores solo se llevarán a pleno desarrollo desde finales del XVIII. A la segunda modernidad nos remitimos para estudiar con más acierto nuestra categoría.

           

2.4.-SEGUNDA MODERNIDAD: ADOLESCENCIA, REBELDÍA Y EMANCIPACIÓN.

                                                                                  «Yo no necesito esa hipótesis»

                                                                                  (Laplace frente a Napoleón)

 

            En la época anterior teníamos un yo desvalido, que necesita la renuencia a la candidez maternal para irse conduciendo por la urdimbre de un mundo racional. En la Ilustración se reniega de esa paternidad.

            La búsqueda de la Mathesis Universalis cartesiana de la Regla para la Dirección del Espíritu se sostiene en la posibilidad de un mas allá al hombre que lo supera y en una defensa inmanentista del sujeto humano. La referencia a este más allá es una forma de cortar alas a la Aufklärung. El hombre busca liberación, superación, gestión propia,... Anhela, como se ha indicado tantas veces, la emancipación de todo y del Todo.  Crear él mismo ese todo y llevar a cabo la dominación de la naturaleza por la ciencia. Avanzar hacia el desarrollo de las capacidades de este nuevo saber que le desborda de contenidos y caminar a la progresión de sus bases pragmáticas (el desarrollo de la técnica y la tecnología ya en el siglo XX).

            Es el “siecle des lumieres” para la razón inaugurada en el periodo anterior. En modo alguno es el siglo del hombre como sujeto, sino el de la claridad intelectiva. Quizá solo al final con Hegel se empiece a restablecer la pregunta por el sujeto.

Y esto pasa a arte [6] y del arte a la realidad. 

            Kant gesta sus grandes obras. Va a herir mortalmente a la filosofía en la Crítica de la Razón Pura y luego, al restablecerla en la Crítica de la Razón Práctica, dividirá al conocimiento científico y al filosófico. El conocimiento se fragmenta y, con él, el ser humano [7] .

El desarrollo del observacionismo y el naturalismo en ciencia y de filosofías como el idealismo de Hegel, extrínseco a la matematización científica y a sus métodos o la FÍSICA social de Comte harán el resto.

            El romanticismo, con la misma ignición imparable de las olas que subyugan al hombre reclamará para sí a un sujeto perdido en las fauces de la objetualización de la ciencia. Llegar al desarrollo de esta idea y conseguir aprehender a un sujeto-existente requerirá categorías que sólo con el existencialismo y el personalismo se considerarán.

            Todo este maremagnum de la razón emergente y triunfadora en la ciencia, tendrá una consecuencia no buscada: la reducción del mismo hombre a objeto. ¿Por qué? Porque solo entidades objetuales pueden ser estudiables y analizables. De esta forma, el hombre no sólo dominará con su conocimiento la naturaleza sino que cree dominarse a sí mismo, captarse en todos los sentidos y definirse. La mecánica clásica extendida a todo tipo de conocimiento posible esto. La negación de la libertad del hombre será la consecuencia ineludible del fraguarse la idea del hombre-máquina que ya tuviésemos en La Mettrie.

Así las cosas, intentando dominar el mundo con la razón, es ella la que acaba esclavizando al hombre. Y, ¿qué pasaría si se demostrase que este cientificismo tiene unos cimientos puestos en arenas movedizas? Precisamente será esa la debilidad que tirará al hombre de su pedestal de glorificación y lo hará sumir en la mayor de sus crisis: percatarse de su propia limitación. Bueno a la crisis o a la majestad proyectual...

            ¿Qué se nos enseña aquí de la proyectualidad? La capacidad estalladora de la mente humana para conocer, dominar, ir a paraísos que sólo pudimos imaginar. Nos queda en usufructo que aquel mundo de las Ideas griego puede tocar  la existencia. Que aquello que soñamos en nuestra pre-existencia puede recibir carta de autonomía en este mundo. Que el hombre es grande, muchísimo siempre y cuando tenga en cuenta que la realeza está fundada en para entidades superiores, el futuro, la trascendencia, el más allá,  Dios o como quiera llamársele....

            En este sentido Napoleón inquirió a Laplace que dónde quedaba Dios en su sistema ilustrado. Su respuesta es cuanto menos triste, además de un error en el sentido amplio. Supone alejar la trascendencia, lo desconocido (e inquietantemente incluso el futuro). La afirmación de Laplace, lejos de llevar a ampliar nuestros horizontes, nos envilece en un oculto inmanentismo (que perorata discursos de envanecimiento) que el mismo conocimiento desde dentro y desde fuera se encargará de sancionar un siglo después.

 

2.5.-CRISIS. El estrépito de la caída, el aullanto del vacío.

«La perpetuación del sufrimiento tiene tanto derecho a expresarse como el torturado a gritar; de ahí que quizá haya sido falso decir que después de Auschwitz ya no se puede escribir poesía. Lo que en cambio no es falso es la cuestión menos cultural de si se puede seguir viviendo después de Auschwitz» (Theodor Adorno)

Que la ciencia se sancionara desde fuera por su desarrollo (Guerras mundiales, accidentes tecnológicos, errores médicos, peligro de hecatombe nuclear, etc...) era previsible. Solo había que entender que nada en la vida es una panacea total, todo tiene sus efectos negativos y estos estaban por desvelarse en la Ilustración. Que la ciencia se sancione desde dentro era impensable. La aparición de las teorías especial y general de la relatividad (teoría determinista) junto con la afirmación del indeterminismo de Heisemberg en los mismos ladrillos que componen la realidad destruye las esperanzas unificadoras de la física clásica (“¿Cómo es posible un sistema que justifique sin concesiones determinismo e indeterminismo?” es la pregunta que todavía hoy buscan las Teorías de la Gran Unificación).

Las grandes construcciones de una Europa del pasado, los aristocráticos palacios como Versalles, las majestuosas obras como la Capilla Sixtina, los colosales genios como Velázquez, Tiziano, El Greco, los sistemas robustos como el cartesiano, el idealismo, no deberían dejar lugar a dudas para el triunfo humano. Entonces, ¿por qué se capta un hedor a putrefacción de algo corrupto allí donde el progreso prometió la aurora salada de la mañana?

En el siglo XX el aullanto, alarido y desmanes deconstructivos nos asolan. Florece el dadaismo, el cubismo, el surrealismo y el resto de las vanguardias en arte. Estas expresiones artísticas originariamente no buscan sino la destrucción, salir de esta atmósfera enrarecida, en la que ya no se percibe nada por el lagrimeo asfixiante que provocan las fábricas de una razón que se desploma.  En cambio, se busca trasladarnos a la embriaguez de una realidad que nos saque a otros planetas. Casi a los mundos extrañados de Dalí o de Max Ernst al surrealismo de Bretón o a posturas como el abstraccionismo radicalizado de grupos de nuestra España de mitad de siglo (tan efímeros y casi desconocidos como “Dau al Set” o el grupo “Parpalló”).

Una y otra vez las críticas a ese proceloso progreso sumen a nuestro hombre en desesperanza. Las críticas de Adorno en su texto Después de Auschwitz, la relevancia de Nietszche, las filosofías existencialistas como las de Sartre, o la necesidad de repensar la metafísica según Heidegger hacen dudar sobre qué ha hecho nuestro HOMBRE a lo largo de toda su historia. El hombre ha cometido errores y ahora pena su culpa. Ya no quiere vivir y se convence de que todo esto no es sino un final. Si empeñados en vivir, lo único que nos quedará será esa falta de sentido que ya preconizara Viktor E. Frankl en Estados Unidos a mitad de siglo, aquella que le obligara a construir una terapia distinta para curar al hombre (la logoterapia).

Lo más grave de todo esto no es que el hombre no pueda vivir en este mundo sino que no QUIERE vivir en él. Cree haber usado y agotado todas sus posibilidades. Le amilana que al final todo no conduzca sino a ese vacío y a una ausencia de sentido. Por eso tibiamente sobrevive (vida sin afirmación existencial) o lo hace con fuerza en paraísos estéticos que le embarga a una supuesta realidad.

El choque de la realidad no es causa suficiente para dar carpetazo final a todo. No estamos en el fin de la historia del hombre sino en su época de madurez. Nos enfrentamos a una frontera tan asombrosamente distinta en el hombre, en la filosofía, que tal vez todo sea un azogue trémulo por dar a luz esa novedad. Es el momento de ser padres de una nueva criatura. Y era necesario revivir todas estas etapas para tener la sabiduría de criar un nuevo ser. Así, proponemos aquí un giro copernicano. Construir, sobre lo dado, la novedad. No es volver atrás sino reasumir el pasado hacia el futuro, que encontramos al final del dedo índice al que apunta la historia.

Descubrirnos en ella y recabar nuestra más poderosa capacidad de ser: la autotrascendencia, el ser sujetos, el ser nosotros mismos en la época de la madurez y la sabiduría. El ser proyectualidad.

 

III.-MADUREZ, LA ÉPOCA DE LA PROYECTUALIDAD

Proyectualidad poiética y esteticismo de trascendencia humanizadora

«Monoteísmo de la razón y del corazón, politeísmo de la imaginación y del arte, ¡eso es lo que necesitamos!» (Schelling, Hölderling y Hegel)

 

            3.1.-La subversión de la estética por la técnica.

Henos aquí, hombres del tercer milenio, creciditos para nuestra edad y llorando por nuestros errores en lugar de solventarlos, indagar en ellos y proponer alternativas.

Hagamos una nueva retrospectiva. Baumgarten en la constitución de la estética distinguió entre una “cognitio sensitive” y una “cognitio rationale”. La estética sería el pórtico de entrada al palacio del conocimiento. Schiller una estética armonizadora de la fragmentación. Igual Hume con su norma del gusto, que no sólo buscó un hombre más refinado sino más hombre.  Al parecer se equivocaron, la estética no ha conseguido la utopía. No ha servido para “salvar” al hombre, ¿qué ha pasado?

Heidegger, Vattimo, la teoría postmoderna, las teorías sobre las vanguardias y las críticas contra los massmedias dicen que vivimos en una cultura estetizada. ¿Habrá cambiado el concepto de estética? Afinemos, por favor, somos filósofos.

Estamos en una sociedad tecnológica que se ha servido de la estética como herramienta de dominación o de “curación” de la herida que abrió el restallido del vacío tras la crisis a que nos hemos enfrentado. La interpretación puede ser múltiple, la realidad las aúna en una. Por lo que prestemos atención a esta última.

Toquen una llave inglesa notarán dos cosas: su frialdad y su peso. Pónganla al fuego: nos abrasará la mano y pasará un tiempo hasta que se enfríe. Nadie dirá “se ha puesto roja de indignación”, sencillamente bosquejaremos un “la han calentado”. Excluyendo la causa que la produce la experiencia es semejante al sentimiento de alguien que puede pasar de la efervescencia de lo colérico a la gelidez de quedar aterida y desconsolado por la falta de razón para vivir ante un programa de televisión o una música eclosionadora que nos acorrala hasta el tuétano.

Analicen ahora lo siguiente: Tarde de sábado, un niño está aterido por el aburrimiento (bueno es que no tiene ganas de estudiar), lo llaman para salir y se va a ver una película americana de efectos especiales. No lo duden, cuando salga estará candente por los efectos especiales del film o por la forma en que el director halla manejado los hilos para provocar determinadas sensaciones en el espectador. Si esto llevara a algún cambio en su interior, genial porque se hubiera operado una cierta finalidad que me parece necesaria en la estética. La experiencia quedará ahí, en el estallido inicial y luego la renuencia al vacío y a lo gris de lo cotidiano al día siguiente y vuelta a empezar. Desolador.

¿Cuál es el problema? Que la estética CAUSA al espectador a una actitud, pero no lo MOTIVA. Se ha hecho del sujeto un mero ente del que se le ha robado su capacidad intelectiva, por eso no existe motivación. En física nos podemos mover por causas y efectos porque estamos en el ámbito de lo inerte y lo no humano. En el hombre, hacer esto mismo es reducir al hombre atrás en su evolución.

La estética actual, lo que promueve no es sino a un hedonismo pre-reflexivo que banaliza al ser humano. Una herramienta subvertida por la técnica para el dominio del hombre, ¿cómo? Haciéndolo cada vez menos hombre e impidiéndole que salga de este círculo viciado.

Así la experiencia de vacío, de tristeza, de consternación es “curada” puntualmente por la estética. Si se repite esta experiencia puntual la curación puede llegar a toda la vida, pero a costa de sacrificar al mismo hombre. Y entonces, ¿está atajada la enfermedad del vacío que generó el inmanentismo de creerse Dios el hombre o es solo una medicina que cura el dolor (entreteniéndonos) dejando que se nos pudra la capacidad de trascendencia? Respondan ustedes a ello yo ya lo he hecho.

3.2.-De cómo la VERDAD y la LIBERTAD nos vinculan para la PROYECTUALIDAD.

Dice un profesor de mi facultad que cuenta con el mérito de ser alguien de quien sólo puede aprenderse verdades asombrosas y asombros sublimes, que la Verdad es hoy como la amante de hace cincuenta años: todo el mundo la usa (porque todos necesitamos de  conocimientos veritativos aunque sea meramente para hablar) pero nadie la menciona (porque el tema de la Verdad es un tema maldito). Decía Ortega y Gasset que nadie tiene la Verdad absoluta salvo Dios porque todos vemos la realidad desde alguna parte de la montaña. Este perspectivismo no anula la verdad sino que la ubica correctamente.

El hombre en su intento por liberarse de todo no ha sido capaz de enfrentarse a las implicaciones de ello y ha caído en la cárcel de sí mismo con una tan exhaustiva liberación.  La “libertad de” es la llave carcelaria de la manipulación más malévola, porque es aquella en la que nos convencen de que seremos libres, cuando realmente no sirve sino para hacernos presos y reos una condena: vivir  una vida que no nos pertenece. Paso a explicarlo.

Dicen que la afirmación de la Verdad sólo lleva a posiciones fuertes que, por una parte, pueden preludiar catástrofes como el holocausto nazi, por otra parte, promueve intolerancia y usurpación de un bien público, la libertad como derecho del ciudadano. Miren, en mi condición de individuo que le da vueltas a las cosas, creo que esto no es sino una forma vil de atraer a la gente a un punto explícito  que facilita el Pensamiento Único y la desvirtuación en la raigambre misma de criterios personales. En última instancia, a mantenernos ante los monitores del ordenador con Internet de fondo robándonos tiempo al pensamiento y a la posición crítica que desvele la realidad auténtica [8] . La ciudadanía nos da carta de libertad, pero la libertad no se da hay que ganársela. No somos libres, nadie puede obligarnos a ser libres, sino que nos hacemos libres si somos los dueños de nuestras decisiones.

Liberarnos de todo es positivo si se dirige a algún punto por eso, ante todo,  la libertad ha de ser libertad PARA. Es en ese PARA donde yo propongo la categoría de proyectualidad que pasaré a indagar de inmediato.

Si no existe una proyectualidad, algo que construir, nos desmadejamos en lo ilusorio de la liberación y en lo patentizado de la facilidad de dominio. Ahora bien, ya sabemos que para que no dejar nuestro barco a sotavento del poderes fácticos extrínsecos a nosotros hemos de ser nuestro propio poder. Hemos de dirigirnos, con verdad y asumiendo que lo que hagamos será nuestra Verdad, hacia algún punto. El contenido de la proyectualidad nos ofrece este punto.

Antes de seguir, veremos que una de las condiciones de la proyectualidad es que sea verdadera. Esto no es otra cosa más que sea afirmativa desde nosotros mismos. Que surja desde las profundidades de nuestra propio ser.  Ya esto nos está salvando del piélago de las olas encrespadas del aburrimiento y el hastío e implícitamente nos saca del tremendo clamor de principios del XX del inmanentismo y la crisis.

Ahora bien, esa Verdad ha de entenderse y permitir la proyectualidad, como una entidad  que se va a ir dando, por lo que es un concepto de Verdad no absoluto sujeto a la modificación de las sucesivas experiencias por las que pasamos, los cambios de planes, nuestro progresivo ir entendiendo el mundo. De modo que el principio de no contradicción puede ser violentado si lo cotejamos en dos etapas distintas de la vida. La posibilidad de que el aforismo de “donde digo digo, digo diego” sea posible no es una debilidad nueva anexionada al concepto de verdad, sino una restitución de la Verdad a parámetros intrínsecamente humanos. Por ejemplo, a lo largo de la vida el hombre biológicamente va cambiando, su verdad también puede irlo haciendo. Cuando el hombre muera, ya no cambiará y su verdad que va con él tampoco. Ya todo estará dicho. La verdad será tan inmutable como los huesos que quedan enterrados bajo tierra.

Este concepto de verdad nos hace pensar en lo fluctuativa de la existencia. La PROYECTUALIDAD nos permite atisbar un principio definidor, no necesariamente definitivo en todo este cosmos de la verdad humana. No entro en otros tipos de verdad, sino en aquella que compete al hombre, la que usa para su vida y su realidad como SUYA. Esto es lo que pasaremos a analizar a continuación, primero una definición.

La proyectualidad es afirmada como una categoría que, sin olvidar que la verdad está circunscrita espacio-temporalmente al hombre, parapeta la existencia humana en una línea explícita de desarrollo a una transformación personal desde su propia volición. Por ello, lejos de ser una categoría descriptiva y analítica es un concepto profundamente prospectivo: En el hoy pone su mirada en el mañana desde el ayer.  ¿Cómo? Desentrañando las mismas posibilidades poiéticas con una visión agudizada por la razón (de nuestra época fogosa de ilustrados), y asentada en la reflexión (de nuestro tiempo de púberes e infancia calentado en el fogón sabio del pasado); dirigida a infinitos (tan utópicos como los del mundo eidético griego) y creando realidades (tan asombrosas y consteladas de extasío como las de las vanguardias de nuestro siglo XX).

Este es nuestro niño de ojos pardos y cabellera azabache. Sólo queda parirlo.

3.3.-La Proyectualidad, reintegración de la estética POIÉTICA.

Aprestos a que en el hombre hay cosas dadas de por sí, somos conscientes de que, si lo desea, es mucho más que eso. La medicina ha demostrado que un ciego desarrolla capacidades que los videntes no tenemos, que ante un accidente grave un individuo puede llegar si es necesario incluso a regular su tensión arterial a través de simulaciones mentales y otras técnicas. Estos mecanismos desvanecen la creencia de la imposición de lo biológico sobre lo creativo. Casos como los del físico Stephen Hawking o los del ciclista Amstrong son ejemplos tangibles de que el hombre tiene capacidades que pueden actualizarse mas allá de lo imaginable.  El mismo ser humano se ha impuesto con naturalidad a su condición de animal.

La cultura no supone sino un alejamiento de nuestra animalidad. En  la urdimbre minimalista de entender el acto sexual como una copulación (propio de animales), el ser humano crea categorías nuevas que modifican en la esencia lo que es la relación en una pareja. Así nosotros aludimos al enamoramiento, el romanticismo, la traición, la tristeza, la frustración o al simple acto de una caricia. Lo biológico es parte del hombre COMO SUSTRATO, reducir al individuo a esto es matar lo más humano.

Por ello, necesitamos de categorías que provoquen este alejamiento de lo animal del hombre y lo proyecten a fines más humanos. Ya la tenemos. Sin embargo, necesitamos una forma de vehicular este tránsito. Lo tendremos en una estética desvinculada de su subversión por la técnica. En lugar de una estética tecnificada proponemos una estetización poiética de la proyectualidad. Es decir, potenciar a la estética como creadora, demiúrgica, artística, imaginativa, que su desafuero sea el encontrar un mas allá en el hombre. Que su sea el ir reconquistando verdades cada vez más despegadas de lo aquesta base animal del hombre. Una estética que recupere la trascendencia del hombre y sin lugar a dudas lo restaure de su dinamismo inmanentista.

Una estética que lejos de ser CAUSA de enclaustramiento del hombre, sea MOTIVO de Proyectualidad de la humanidad.

Recapitulamos, por cuestión de tiempo y espacio, lo que sigue.   

3.4.-PROYECTUALIDAD: Naciendo de la madurez.

-Sus fuentes son dos:

            -La madurez de nuestra época. Incardinada existencialmente, es decir, desde la rotundidad de una racionalidad que se aparta del sobre-vivir.

            -La poiesis, apertura al descubrimiento de lo escondido en la realidad y a un creativo futuro ilusionante que nos hace cada vez más nosotros.

-PROYECTUALIDAD, no proyecto. No se sitúa en el campo de lo dado (ni siquiera podemos decir que se da), sino en el ámbito de lo que SE VA DANDO.  Habrá determinaciones puntuales veritativas de esa proyectualidad (v.g. “yo hoy quiero ser químico) pero la poiesis, siempre adosada a ella, forja un mundo tan encendidamente como lo es el hombre mismo (v.g. “mañana descubro que quiero ser físico”).

-La Proyectualidad cuenta con el riesgo aparente de que equivoquemos el camino cuando estaba bien trazado (v.g. “que dejemos la carrera de física porque me aburro de estudiar” y  “hacer el vago” sería mi nueva proyectualidad). Este errar el sendero será solo fallo en el caso de que las nuevas sendas no aparezcan desde el descubrimiento poiético de la realidad, y de mi realidad. Si surge desde un desvelamiento personal nunca habrá habido error ni en lo que hicimos antes ni en lo que hacemos ahora. ¿La razón? En lo que sigue. Si es Proyectualidad no hay yerro.

-Mantenemos que la Proyectualidad es el camino adecuado de conducirnos, siempre y cuando parta de una estética poiética. ¿Qué función tiene entonces los supuestos errores proyectualistas del pasado? Contribuir a nuestro caminar poiético correcto en el futuro, a mi proyectualidad vital que requiere estos pseudo-errores. En nuestro ejemplo: un joven decide tras sus estudios en el instituto hacer ciencias biológicas, con el tiempo otea que eso es un error y, desde el estudio de algunas asignaturas, dilucida en la medicina un mundo de posibilidades que le parecen más adecuadas a lo que quiere hacer con su vida. ¿Ha sido un error haber “malgastado” un par de años en Biología. Por supuesto que no, puesto que era un escalón hacia sus estudios en  Medicina. Los auténticos errores hubieran sido: no haber iniciado Biología por miedo a equivocarse,  o traicionarse a sí mismo habiéndose obligado a continuar Biología. Por eso, la misma historia del hombre, aun conteniendo errores y catástrofes, NO ES UN ERROR, sino acontecimientos ad vitam necessaria, útiles para llegar al lugar de madurez privilegiada en que nos encontramos.

-¿Hacia dónde debe caminar la Proyectualidad? Probablemente no corresponda a mí dar contestación de esto, puesto que sería determinar el contenido de la finalidad de cada persona en particular y de la humanidad en general. En cualquier caso tampoco hay tiempo para detenerse en ello. Creo que es suficiente con lo dicho. 

3.5.- ESTÉTICA: Demiurgos para la Proyectualidad.

            -Proclama la libertad al hombre, su indefinición y le devuelve le hace auriga para que sea él quien controle a los dos corceles hacia su desarrollo.

            -Acaeció desde y en las entrañas de la historia del hombre. Debe acontecer en el seno del hombre histórico para su liberación creativa.

            -Es la base de la Proyectualidad enarbolando “nubes celestiales” en medio de la tormenta y “mares en calma” ante un “piélago en tempestad”.

            -Resitúa la Estética allende los limites del hedonismo. Troca para ello la CAUSA en MOTIVACIÓN. El hombre tiene motivos, el animal y las cosas causas.     

            -El único campo de dominación y delimitación aceptado para esta estética es el del adueñamiento de uno mismo HACIA la puesta en práctica de la Proyectualidad personal. En definitiva, el de la voluntad para hacer con mi vida aquello que vaya descubriendo desde mi propia estela en el horizonte infinito de la vida.

            -Debe ser una Estética, pues, que fragüe un artista demiúrgico y no un espectador adocenado en lo candoroso del Esteticismo tecnológico demoledor. Sólo de esta forma se domina la vida propia y se elude la posibilidad de vacío y relleno con un pensamiento único. Por lo tanto el giro es sutil. En ambos casos estamos ante la obra de arte, en una con los brazos caídos, en otra con el pincel en la mano.

            -Estética poiética para/desde los demás: Creamos para nosotros y, en la medida en que somos seres sociales, desde y para la alteridad. Por eso esta estética hace reverdecer la tolerancia (y la aleja de su sucedáneo, la indiferencia). La poiesis desvela en las potencialidades del Otro mundos tan infinitos como los nuestros y esto nos enriquece mutuamente. La experiencia de que la ilusión escapa por nuestros poros hasta rozar la piel de los demás es un ejemplo de esta especie de contagio.

-Una estética que nos aleja del peligro de ser transformados en masa para devolvernos a una individualidad racional. Es la base de un estado de derecho, de una democracia  en la que el poder está en el pueblo no sólo como entidad anónima. El gobierno es ejercido por cada uno de los ciudadanos como personalidad activa emplazada en significantes y significados propios. De esta forma ascendemos a la poiética de una proyectualidad que va más allá de nuestras limitaciones individuales de seres limitados. La vida social, como ya lo hiciera la historia, también se hace Proyectualidad.

-Reduce lo tecnológico a medio para el fin de lo poiético. Redefine la condición del ser humano a un ser que, lejos de ser animal racional, muta en ser proyectualmente poiético de sí mismo sacando el futuro del pasado sin limitarse, potenciando una verdad ilimitada que se adentra en lo confuso mediante el mismo trayecto de lo poiético. Por eso la Verdad ya no sólo describe cosas, sino que describe PARA VIVIR. La consecuencia es que la filosofía, ya no es sólo analítica. Razona, para ateniéndose a lo dado, progresar en un irse dando. Aquí me detengo, por el momento.

***

Ya sale una mirada ingenua e infantil a este mundo, ya sale una propuesta vertiginosa. Se contrae dolorosamente. Parece que no tiene oxígeno en este mundo de  desesperanzados frente al vértigo de vacío y las ondas hedónicas de nuestras pantallas de televisión y ordenador. Yo ya me he levantado para darle unas cachetadas al Niño y susurrarle que es posible su parto.

Para mí, mi incipiente calvicie es sinónima de filo-sabiduría (al menos eso deseo) de aprendiz de filó-sofo del tercer milenio, decidan si comparten mi anhelo o es tribulación y ausencia de juventud, unida a dolores de vejez lo que les reconcome. No estamos en un final, sino en el más prometedor inicio. Pero bueno, es mi proyectualidad, opten ustedes cuál es la suya. La vida nos espera. Los hombres de ahí fuera también... y la partida está a punto de cerrarse,... o quizá no. Decídanlo ustedes.

¡Muchas gracias!

 



[1] Decía Eugenio D`Ors que lo que no era tradición era plagio. Sin sobrevalorar esto sería interesante no olvidarlo.

[2] Entendemos aquí vida como  Ortega   y  Gasset  y  Julián  Marías  lo  hacen.  No  es  el  Mundo  sensible  de Platón ya que carecería  de  fundamentación  filosófica,  se caería por los cimientos. En cualquier caso, sirve esta imagen Platónica para lo que en este momento ha de entenderse.

[3] Nos referimos a ese episodio en el que Locke acude a hablar con Malebranche sobre el mundo físico. El filósofo, encerrado en su despacho en penumbra, le indica la necesidad de encerrarse en el claustro de su mente para encontrar respuesta a lo que cuestiona a Locke.

[4] El  concepto  de  SUEÑO  nos  puede  ayudar a entender la situación intelectiva del medievo.  Tiene dos implicaciones. Por una parte dibuja  la  ilimitación  del hombre (en un sueño todo es posible). Por otra, no deja de ser sueño, es decir, que su acceso a la realidad (de vigilia) es restringido y, por tanto, la razón sólo opera en un mundo soñado, en una imaginación que no llega a DOMINAR la vida.

[5]   Con el tiempo  ciertamente  tendremos una absolutización del  racionalismo.   Leibnitz   que   dice   que conocer es calcular. El salto de lo epistémico a  lo  ontológico  está  ya  ahí.  Hegel  será   el  fundador  de aquella posición en la que  “todo  lo  real  es racional y todo lo racional real”.

[6] La fogosidad propia de esta época  hace  que,  en la querelle de  los  antiguos  y  los  modernos, los de la corte de Versalles tengan finalmente que medrar ante un hombre que se  hace  ver como “natura naturans” en lugar de “natura naturata”.

[7] Es  entonces  cuando  la  estética  intenta  mediar  en esta ruptura que divide al hombre. Una estética que operará al modo de la paideia griega.

[8] Como dice Subirats en Linterna Mágica  la realidad mediática no es sino una segunda realidad estética que poco tiene que ver con la realidad del hombre. Aquella a la que tenemos que recurrir si queremos encontrar al sujeto como un tú personal.

Asociación Cultural  Wenceslao Roces